Los que nos dirigimos hacia la cosmética natural solemos buscar una cosmética “mejor”, que sea más saludable o más respetuosa con el medioambiente. El problema surge cuando nos encontramos con un mercado tan grande y confuso como es el de la cosmética “green”: cada vez es mayor el número de marcas que parecen ser “mejores” o bien por sus claims publicitarios (“natural”, “bio”, “ecológico”, “sin parabenos ni perfumes artificiales…”, “sostenible”, “cruelty-free”, “vegano”…) o simplemente porque sus envases nos hacen creer que se trata de un producto más natural o saludable. Pero, ¿qué significan esos claims? La mayoría de consumidores, perdidos ante tanta opción y confusión, suelen o bien elegir según lo que más confianza les inspire estéticamente o fiarse de las recomendaciones de algún amigo, que a su vez habrá probablemente elegido de la misma forma, es decir, sin comprender realmente lo que adquiere. 

Si a ello añadimos que la gran mayoría de los claims publicitarios son engañosos por lo menos en parte, la tarea de elegir el producto que más nos conviene (o que mejor comulga con nuestros valores) se convierte en un verdadero trabajo de campo. No desesperéis. Con un poco de estudio se puede aprender lo necesario para entender lo suficiente del tema y que no nos engañen. Uno de mis objetivos con estos artículos es facilitaros ese aprendizaje. 

Para saber elegir entre la cosmética “green” lo primero es empezar por no mezclar conceptos. Conozcamos qué significan los más comunes.

1.   Cosmética natural.

Los ingredientes naturales son los que se encuentran en la naturaleza. Se contraponen con los ingredientes sintéticos, que deben ser producidos artificialmente por el hombre porque no se pueden encontrar en la naturaleza.

No todo lo natural es bueno ni todo lo sintético es malo (como vimos en mis anteriores artículos “Cosmética convencional vs. Cosmética natural”), pero podemos afirmar que lo mejor para la piel y para nuestro organismo casi siempre es natural.

Un ingrediente “natural” a secas no garantiza nada respecto a cómo ha sido producido. La realidad es que los sistemas de producción y extracción de ingredientes naturales dejan mucho que desear en la mayoría de países. Por tanto, un ingrediente natural puede contener sustancias tóxicas como herbicidas, pesticidas o metales pesados y haberse producido con consecuencias negativas para el medio ambiente u otros seres vivos. 

También es importante tener en cuenta que la condición “natural” no implica que todos los ingredientes del producto sean naturales. Como el uso del término no está regulado legalmente, en la práctica se autodenominan “naturales” productos que llevan sólo algunos ingredientes naturales, o a veces incluso uno solo, junto con otros sintéticos.

2. Cosmética orgánica, ecológica o bio.

Si un ingrediente es ecológico, biológico u orgánico –aunque también generan confusión, estos 3 términos son equivalentes­– lo es porque ha sido obtenido mediante sistemas de cultivo controlados, sin pesticidas ni sustancias nocivas, y más respetuosos con el medioambiente. Por ello, no basta con que algo sea “natural”, sino que debemos buscar que además sea ecológico. 

No hay que volverse loco exigiendo un 100% de ingredientes ecológicos, porque el hecho de que un ingrediente no sea ecológico no implica de por sí que no sea bueno. Pero sí debemos fijarnos en la proporción de ingredientes ecológicos del producto que se define “ecológico” porque la mayoría sólo tienen algunos ingredientes ecológicos. Esto ocurre porque, a diferencia de lo que pasa en alimentación, en cosmética estos términos (natural, ecológico, etc.) no están regulados y los fabricantes pueden utilizarlos en sus claims según les parezca.

3. Cosmética vegana

Si un producto es vegano, no contiene nada de origen animal. En productos de belleza y cosmética los ingredientes ya suelen ser principalmente de origen vegetal (o sintético). Aunque sí se utilizan algunos, no es frecuente que un producto de belleza lleve una proporción muy relevante de ingredientes de origen animal. A diferencia de lo que ocurre con los claims “natural” y “ecológico” el término “vegano” sí se utiliza de forma absoluta: si se afirma que un producto es vegano no debería contener ni un sólo ingrediente de origen animal.

4. Cosmética sostenible

“Sostenible” es un concepto controvertido, que se usa con diversas acepciones. En Belleza, que es lo que aquí nos interesa, suele significar que el producto es más respetuoso con el medio-ambiente. Tampoco existe una definición general de criterios para entender cuándo se es más respetuoso con el medioambiente. Además, hay muchísimos aspectos en los que una empresa puede ser sostenible o no y normalmente es imposible cumplirlos todos a la perfección. 

Por todo ello, la flexibilidad con la que se utiliza este término ya sí que es excesiva (por no decir bochornosa). Por ejemplo, algunos reclaman ser sostenibles porque el producto procura no contener ingredientes demasiado tóxicos para el medioambiente (lo que, aunque no implica una sostenibilidad total, ya es un paso). Pero otros afirman ser sostenibles simplemente por sólo un mínimo gesto, como puede ser que el envoltorio contiene menos plástico del habitual o un plástico menos nocivo para el medioambiente. Y, aunque descuidan el resto de los aspectos de su producción y su empresa, afirman ser sostenibles. La realidad es que el término “sostenible” está sirviendo para hacer creer que el producto cumple todas las expectativas de un consumidor “consciente” (saludable, vegano y sostenible en todos los aspectos) cuando realmente no cumple la mayoría de ellas y simplemente se ha mejorado un aspecto de su producción o de la actividad de la empresa que lo fabrica.

Por supuesto, que un producto sea “sostenible” no implica que sea, además, natural, ecológico o seguro para la salud del ser humano (sostenible es “mejor” para el medioambiente).

5. Cruelty-free.

Significa que el producto final no ha sido testado en animales. No implica que el producto sea vegano.

6. Cosmética “limpia” o clean.

Cada vez escuchamos más este término en el sentido de producto “limpio” de ingredientes o componentes perjudiciales para nuestra salud o el medioambiente. Aunque es un término coloquial que cada uno utiliza de una manera, hablar de cosmética “clean” sí suele implicar que el producto es natural por lo menos. Con frecuencia el claim se refiere a que el producto cumple también con todos o varios de los criterios anteriores (–sin sintéticos ni tóxicos-, sostenible, orgánico, vegano y no testado en animales). 

Yo personalmente, por practicidad, lo utilizo también en este último sentido: si digo que un producto es “clean” me refiero a que es natural, ecológico y no lleva sintéticos o ingredientes potencialmente perjudiciales para la salud (en la medida de lo posible, porque en algunos productos concretos algún riesgo es inevitable correr). No incluyo en el concepto “clean” que sea sostenible porque, aunque por supuesto busco lo que lo es, es muy difícil cumplirlo todo y, sobre todo, ser 100% sostenible.

Con estos conceptos claros, cada uno puede por lo menos decidir qué claims quiere exigir en los productos que adquiere. El siguiente reto pasa a ser verificar si los claims contenidos en los productos del mercado son ciertos o engañosos. Aunque no es fácil una comprobación total, podemos hacer verificaciones más o menos sencillas que nos permitirán hacer un buen filtro. En el siguiente post empezaremos a hablar de ello.

Connie B. (@connie_wrocks)